LA HISTORIA DE SUGRU

En 2010, la revista Time publicó una lista donde postulaba los 50 mejores inventos del mundo. En el puesto número 22, por delante del iPad de Apple, que ocupaba la posición 34, se encontraba una extravagante invención, de nombre Sugru, que a pesar de su relevancia para la vida cotidiana, a nivel práctico, ha pasado prácticamente inadvertida en los últimos años.

Todo comenzó cuando la irlandesa Jane Ní Dhulchaointigh, una joven estudiante de diseño industrial en el Royal College of Art de Londres, trabajaba en diversos proyectos de mezcla de materiales. Como parte de sus experimentos se le ocurrió mezclar un tipo de silicona con aserrín, y el resultado fue el más inesperado: obtuvo un material con apariencia de madera, pero moldeable como la arcilla, y que además rebotaba contra el suelo igual que una pelota.

En el 2003, el último año de formación de la joven Jane Ní Dhulchaointigh, convencida de que el destino le había brindado una oportunidad, decidió explotar la casualidad de su hallazgo y convertirse en emprendedora. El Royal College of Art le prestó su asistencia, y le presentaron al asesor de negocios del centro, Roger Ashby, quien ayudó a la emprendedora a establecer contacto con una serie de científicos especializados en silicona, quienes se encargaron de testar el nuevo material y desarrollar sus propiedades como material adhesivo.

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Las investigaciones, en las que también participó el departamento de materiales de la universidad Queen Mary, duraron siete años, aunque durante los dos primeros la emprendedora se encontró sola ante la incertidumbre de si se trataba, en efecto, de una buena idea. Probó hasta la saciedad cientos de combinaciones en un laboratorio del este de Londres y, finalmente, en 2009 obtuvo la fórmula perfecta para producir de manera industrial un nuevo tipo de silicona con propiedades de elastómero.

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La prueba de fuego fue con consumidores reales. Después de años trabajando en el más completo anonimato, el vídeo promocional del producto se hizo viral, y los primeros 1000 paquetes de cinco gramos de Sugru se agotaron en horas, vendiéndose como rosquillas en 21 países. Actualmente la empresa se llama Form Form Form Ltd. y tiene la fábrica en Hackney, Londres. Tiene alrededor de 100 empleados y sigue creciendo a grandes pasos cada año.

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El éxito de Sugru se basa en sus propiedades, que han convertido a esta mezcla milagrosa no sólo en el material perfecto para pegar o sujetar todo tipo de objetos con garantías, sino también en un elemento clave para reparar, a bajo coste, y además con un alto valor estético, puesto que está disponible en una amplia gama de colores, cualquier dispositivo o artilugio.

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¡SUGRU NO SE HACE RESPONSABLE POR TÚ IMAGINACIÓN!